Es el tiempo quien nos enseña con su caminar a lomos de nuestros proyectos el que nos enseña que la perspectiva es algo a tener muy en cuenta en nuestro oficio. El tiempo, además, se une con el espacio, mejor dicho, con los espacios, y ambos forman parte de nuestra manera de “estar” en cada proyecto. Esta unión configura esa necesaria perspectiva que nos da enfrentarnos ante las problemáticas a las que tratamos de dar solución.
Recientemente escuché, en otro contexto, que la clave del ingenio en muchas de las soluciones que se proponen ante cualquier problema, tiene que ver con cómo arbitrar entre las diferentes contradicciones que pueden existir en cada situación. Decían en ese contexto, que la clave para resolver estas contradicciones de forma satisfactoria era principalmente por la armonía y la voluntad de las personas que aportan un extra de sensibilidad en dicha resolución. Armonía, voluntad, sensibilidad, contradicciones. Emociones que afloran y se suman a una capa racional que nos permite afrontar retos de una manera personal, entendiendo personal, entre personas, humanizando las situaciones y facilitando espacios donde esto suceda con armonía.
Problemas de jerarquía, roles solapados en conflicto, visiones externas poco alineadas internamente, diferentes expectativas, objetivos dispersos, intereses a veces opuestos, percepciones incompletas, silencios y puntos de vista invisibles. Quien no se haya encontrado con situaciones así a lo largo de cada proyecto, es que no ha vivido la realidad del mismo. Acompañar a las direcciones de organizaciones, incluso institucionales, personas todas ellas, exige darles voz, abrir debates y explorar escenarios y conversaciones que tienen que ver con descubrir y hacer emerger estas contradicciones reales para afrontarlas hacia la solución.
En nuestro caso, relacionado con la comunicación entre personas y proyectos, y personas entre sí, esta situación se da con frecuencia. Aunque en otros contextos afloran momentos donde existe un punto de partida inicial, sucede también conforme pasan esas conversaciones, que te encuentras con que ese supuesto inicio realmente está desviado, ampliado e incluso desplazado. El briefing, ese consenso en forma de compromisos iniciales o una mera pero completa descripción compartida del problema, se convierte en un momento clave para saber bien dónde nos encontramos, cómo exploramos las visiones diferentes y cómo trataremos de llegar a un final que supere las expectativas iniciales.
Esas contradicciones necesitan ser exploradas, ayudan a comprender la complejidad de las organizaciones y también a identificar las auténticas partes implicadas aunque sean en un mínimo detalle de sus situaciones en particular. Estas contradicciones tienen un pasado real que deberán convertirse, con armonía, sensibilidad y comprendiendo cada realidad en un contexto amplio, en oportunidades en dichas empresas.
Desde la comunicación, las marcas y el diseño nos gusta hablar de que cuando resolvemos un producto o un servicio habitamos un lugar o varios, entre la utilidad y la experiencia, entre el “delectus” o la “utilitas”. Lo necesario es tener esa sensibilidad, esa perspectiva, para lograr cuál es el espacio de cada uno. No es uno u otro, es comprender que las soluciones a las que llegamos tienen que ver con esa armonía que una ambos aspectos, con esa sensibilidad diría que incluso artística, para limar esas contradicciones y encontrar las soluciones que les permitan dirigir en un beneficio común y compartido.
La perspectiva, tiempo y espacio, y lo que sucede entre las personas ayudan a solucionar los problemas generando un valor añadido superior que va más allá del problema inicial, a cuidar cada uno de los puntos de encuentro para superar esas contradicciones y convertir entre tod=s, que la armonía, la sensibilidad, las formas, el acuerdo pero también el fondo se transforme en verdadero valor para las empresas.
Imagen de Dan DeAlmeida en Unsplash
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