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Día tras día lo vivo y siento ya de manera directa, propia. Leo con asiduidad a diferentes personas de diferentes ámbitos y sectores, también con diferentes motivaciones. Lo escucho, me dicen, en casa, en una reunión de trabajo, en charlas con otras y otros colegas; lo dicen quienes se autoproclaman expert=s, que dan cursos sobre ello, muchos ya –no sé si demasiados–. Lo pruebo, creo que me equivoco, rectifico, confirmo y trato de comparar, reviso, lo dejo en reposo, vuelvo. Anoto en mi cuaderno, redacto en Notion y sigo con ello, converso, debato, replanteo y repregunto con la IA generativa, discuto con ella. Me dice, me dicen: sí, “hay que poner contexto”.

Contexto: me pregunto y quiero compartirlo aquí, en este espacio, ¿acaso hemos dejado de “poner contexto” en nuestro trabajo como consultores artesan=s?, ¿no es algo con lo que hemos trabajado constantemente, entender el contexto de lo que sucede para trabajar con y sobre ello?, ¿hemos paquetizado demasiado nuestros servicios para encajar necesidades en alguno de estos “paquetes” y dar así con la respuesta que mejor encaja en esas dimensiones?, ¿tiene que venir “algo/alguien” –¿una máquina, quizá, con su modelo de aprendizaje?– para insistir con eso de que “hay que poner contexto”? ¿…?.

Trabajar con y para organizaciones, con y para personas, nos ha exigido siempre observar, escuchar, conversar, dialogar, contrastar, para comprender mejor una realidad que nos llega para ser tratada. De la Gestión del conocimiento aprendimos (yo al menos) aquello que tenía que ver con el conocimiento tácito y el conocimiento implícito, más allá incluso del esfuerzo en estar o no estar documentada o documentado. Esta relación que se convertía en un proceso donde se profundizaba para “acercar” aún más la realidad a su verdadera dimensión, nos obligaba precisamente a trabajar sobre las diversas caras de un prisma que inicialmente no teníamos claro cuántas caras tendría, sino que habría que irlo perfilando para comprender, ambas partes al mismo tiempo y de la misma manera, cuál y cómo era la auténtica realidad que se debía afrontar.

Personalmente, he (y hemos) trabajado con hitos clave de las organizaciones y sus personas, con momentos que supusieron una transformación que provocó llegar hasta la actualidad. Hemos profundizado en situaciones reales, sus conflictos y también sus ganancias y satisfacciones. Hemos trabajado con escenarios de futuro, con “posibles”, con supuestos y oportunidades y también con sus riesgos, derrotas, en ambos casos con sus posibles consecuencias. Todo ello conformaba cada realidad, cada pequeño detalle no era información, era un matiz significativo y relevante para el conjunto de la intervención para ese proyecto.

No sé si deberíamos dar las gracias a la IA generativa por recordarnos en cada interacción lo importante que es el contexto en nuestros oficios y en nuestras vidas –en lo personal, también, por supuesto–. Lo que sí debemos reconocer, con sinceridad, humildad y honestidad, es si en algún momento nos olvidamos de él, si no lo ejercitamos con asiduidad y frecuencia para comprender mejor las realidades y no las suposiciones. Lo que es en realidad es una clara llamada de atención a nuestra manera de enfocar nuestros proyectos para que realmente sean significativos y tengan el impacto que se desea de ellos.

Sí, ese dedo que se eleva ante nosotr=s, esa llamada de atención que es el “contexto” en nuestro día a día, en nuestra interacción con la IA, nos recuerda y nos obliga precisamente a que comprender, profundizar, interactuar, matizar y proponer no son solo técnicas ni herramientas que empleamos en nuestro trabajo sino sobre todo una manera de “estar” en los proyectos con firmeza y criterio. Es una postura real, no un pulsar un “enter” o un mero gesto, y las posturas si no se cuidan, se oxidan. Quizá aquí radique nuestro gran aprendizaje actual.

No es que hayan llegado unas máquinas “inteligentes”, diseñadas con modelos que nos aportan un acceso inimaginable hasta ahora de información ingente, que nos abruma y nos deja con la boca abierta. No es un mero tema de tiempo o productividad, que “tapemos” rutinas y hábitos, que “una máquina” nos lo haga por sí solita, no. Aparece en escena el bendito “contexto”, ése que al menos desde la Consultoría Artesana desde sus inicios quedó bien representado tanto en nuestras señas de identidad: “aprendemos a través de conversaciones entre iguales, cuyo fundamento no está tanto en el qué sino en el cómo”, como en nuestras prácticas “trabajamos con personas y aprendemos de lo diferente, no tanto de lo conocido” y en nuestros valores, en especial el “pragmatismo” que “permite conciliar la vocación por el trabajo bien hecho con las circunstancias y requerimientos de cada proyecto, de manera que el mejor logro sea, también, el logro posible”.

Poner y proponer contexto, no es una solo una instrucción para las máquinas ni para las herramientas ni los agentes de IA. Es antes que nada una exigencia del trabajo bien hecho, ése que de verdad hacemos –o intentamos hacer no siempre con el mejor resultado posible–, o ése al que queremos llegar como propósito de nuestro oficio, desde el mejor contexto posible, siempre.

P.S. La imagen es de Tom Ellefsen: overseastom

Juanjo Brizuela
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