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La consultoría artesana sigue muy viva. En 2026 arrancamos el año con un taller, una costumbre que no queremos perder. Va a ser el que haga el número 13 desde que comenzamos. Sí, ya veis que la frecuencia no es para tirar cohetes. Pero no importa, los talleres siempre están ahí. A veces en modo latente. Ahora emerge a la superficie un nuevo encuentro presencial. Lo vamos a hacer aquí en Bilbao. Asier Gallastegi nos presta la infraestructura de su oficina en el Rascacielos. Sí, en el Rascacielos de Bailén, el primer edificio de Bilbao que superó los 40 metros de altura.

Cuando se terminó en 1946, sus 13 plantas eran algo nunca visto en la ciudad. Durante 22 años ostentó el título de edificio más alto de Bilbao (hasta que en 1968 se construyó la Torre del BBVA, hoy Torre Bizkaia). Lo curioso es que, mientras que a otros edificios altos de la ciudad se les llama simplemente «torres» (Torre Iberdrola o Torres Isozaki, por ejemplo), a este se le quedó el nombre de Rascacielos de Bailén como un título honorífico de su época de grandeza.

Curiosidades aparte, el motivo en torno al cual organizamos el taller es la forma (y fondo) en que empleamos la inteligencia artificial en nuestra actividad de consultoría artesana. En una primera reunión preparatoria que mantuvimos este pasado miércoles día 7 pusimos sobre la mesa las claves de lo que queremos trabajar. Aunque salieron más temas, quizá estos cuatro sirven para poner un poco de orden en el trabajo que queremos desarrollar:

  1. Compartir experiencias (casos de uso) de uso de IA en nuestra actividad de consultoría. Este es un hilo conductor común a cualquier taller. ¿Cómo la estamos usando?, ¿con qué enfoque?, ¿con qué herramientas?, ¿cómo se integra con la práctica «común» precedente? ¿Qué quiere decir que la IA se nos presente como un asistente de nuestro trabajo de consultoría artesana?
  2. Profundizar en una reflexión crítica sobre el uso de la IA. Nacho ya expuso algunas cuestiones de calado en un post previo. Yo mismo, en la medida en que he llevado durante 6 años los contenidos de ética en el Grado de Business Data Analytics de Mondragon Unibertsitatea, entiendo esta mirada como algo absolutamente necesario. No, no es solo cómo usamos la tecnología; la tecnología y los datos son, por defecto, ideología.
  3. Ante tantas herramientas, todas con opciones de pago para acceder a mejores prestaciones, ¿por cuál merece la pena pagar y por qué? ¿Es así de sencillo: pasa por caja y consigue los resultados que marcan la diferencia? ¿Profundizamos en un gap perverso? La gente rica será más rica y la pobre más pobre gracias a la inteligencia artificial… de pago.
  4. El informe de consultoría: ¿tiene sentido cuando los asistentes de IA nos ofrecen texto, imágenes, infografías, audio o vídeo a partir de la materia prima con los que vamos alimentando?

Quienes vamos a reunirnos en este taller partimos, cada cual, de lugares particulares. De entrada, hay un posicionamiento, diría que natural, frente a la tecnología digital. Somos personas más tecnófilas o más tecnófobas. En 2026 nuestro mundo rezuma tecnología. Y la tecnología es lo que nos diferencia de otras especies animales. Somos humanos porque desarrollamos tecnología. Pero el espacio que ocupa la tecnología en nuestras vidas (en lo personal y en lo profesional) ha crecido hasta tal punto que ya podemos decir que es ubicua. Está en todas partes. No podemos escapar de la tecnología.

De por medio en el ámbito profesional, por supuesto, hay otro factor: la eficiencia. ¿La IA me permite hacer más en menos tiempo? ¡Boom! Un disparo en la línea de flotación: o la usas o pierdes. Tu competitividad pasa por la eficiencia. Y ahí las promesas de la IA son deslumbrantes. Pero hay un problema.
 

Demasiados lúmenes no ayudan a ver mejor, sino que nos ciegan.

 
Entre mis lecturas favoritas en torno a la eficiencia y el uso del tiempo, siempre estará Judy Wajcman, que escribió, desde el feminismo, un libro con un título que lo dice todo: «Esclavos del tiempo«. Y el subtítulo no le va a la zaga: «Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital«. Allí hablaba de la «conectividad constante«. Cuanto más apuro sentimos por un tiempo «que no nos da», más recurrimos a la tecnología. Y más tecnología, menos tiempo. Y menos tiempo, más tecnología. La IA está aquí, una tecnología que es ideología y, a la vez, instrumento de trabajo. Apasionante el taller que nos espera. Dice Wajcman, recurriendo a ley dromológica de Paul Virilio:
 

El aumento de velocidad incrementa el potencial de atasco

 

Julen Iturbe-Ormaetxe

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