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Manel Muntada escribió el 11 de noviembre en su blog un artículo que os recomiendo encarecidamente: La importancia de las pausas portal. No era la primera que mencionaba este concepto, pero ahora le ha dado más recorrido. No voy a hacer espóiler porque preferiría que lo leyeras y te hagas tu propia composición de lugar a partir de la reflexión de Manel. Ese artículo me llegó en un momento muy especial de mi vida. A lo mejor hasta me pongo un poco ñoño con este texto. Te pido disculpas anticipadas si ves que desvarío demasiado.

El día 30 de octubre me caí andando con la bici. Iba solo por el monte, aunque no por una zona demasiado apartada. Ocurrió cerca del Puerto de Barazar, relativamente cerca del humedal de Saldropo. Lo sé por el GPS. Digo que lo sé por el GPS porque yo realmente no tengo conciencia de lo que sucedió. Debido al fuerte golpe en la cabeza –menos mal que soy de los siempre lleva casco– sufro lo que técnicamente se denomina «amnesia del episodio». En lenguaje llano: ni idea de lo que me pasó. Mi primer recuerdo es verme con gente alrededor y yo metido en una especie de mundo onírico en el que la realidad pugnaba por abrirse paso, pero no lo conseguía del todo.

El parte inicial dice que me encuentran «desorientado y repetitivo». Sé que me preguntaban por mi edad, por quién era, por mi familia. Tuvo su gracia que el número de móvil de mi pareja fuera un recuerdo que llegó rápido, aunque no la avisaron hasta bastante tiempo después. Sé que una ¿médica? que me atendía me decía, con humor, tú estate tranquilo, que la bici está bien. Sé que decidían que la evacuación tenía ser en helicóptero y que me trasladaban a Urgencias del Hospital de Cruces porque era el más cercano a mi lugar de residencia. Sé que quien me acompañaba en el helicóptero me avisaba de que el viaje iba a ser movido porque pegaba viento sur con cierta intensidad. Sé o creo saber. Todo lo anterior sigue inserto en cierto aire onírico, como decía.

Ya en Urgencias, el diagnóstico dice: politraumatismo, fractura de la clavícula derecha y también de la cuarta y quinta costilla de ese mismo lado. El escáner de cerebro no encuentra «hallazgos patológicos relevantes». Paso una noche en observación y al día siguiente me dan el alta. Me aplican un vendaje en ocho para la clavícula y me recetan un cóctel de analgésicos para los días siguientes. El 31 de octubre estoy en casa. Puede que haya comenzado –aún no lo sé– una pausa portal. Insisto, léete el artículo de Manel.

El plazo de recuperación se estima entre 40 y 60 días. Toca dormir boca arriba. Algunos días mejor, otros peor. Para alguien acostumbrado, como yo, al ejercicio físico, la situación plantea un enorme reto de paciencia y de adaptarse a la nueva situación. Los huesos de la clavícula tienen que volver a intimar; las costillas, más de lo mismo. La cabeza, mientras tanto, empieza a bullir. No tienes otra cosa que hacer: pensar. ¿Por qué?, ¿cómo pudo ocurrir? La amnesia sigue con el candado puesto. Ni idea.

Mientras, la vida laboral sigue su curso. Por supuesto, informo a mis clientes más cercanos. Cancelo alguna que otra cosa. Día a día voy probando a ver qué tal delante de una pantalla. De vez en cuanto me mareo. Cuando salgo a la calle a dar pequeños paseos, siento una cierta inestabilidad. En la primera consulta con el traumatólogo me explica que el golpe en la cabeza fue muy cerca del oído derecho y que puede que tenga afectado ligeramente el sentido del equilibrio. Hoy, cuando escribo esto, creo que está ya olvidado.

Laboralmente, estoy en una etapa de desconexión. Eso sí, no tengo problema alguno en continuar con algunos proyectos. De hecho, tengo dos clientes con los que estoy muy a gusto. Me gustaría seguir colaborando con ellos. No sé, tengo que ir viendo cómo reduzco tiempo de trabajo sin dejarlo, de momento, del todo. No es fácil. La pausa portal está aquí.

Pues bien, la pausa portal me ha reconectado con un proyecto con el que llevo colaborando desde su inicio en 2021. Se trata de un medio de comunicación en torno a la bicicleta como estilo de vida. Es la revista Bizikletan / Andar en Bici, que se lleva al papel y cuenta también con una edición digital. ¿Qué ha ocurrido? El fundador, Ángel Toña, se quiere hacer a un lado. Ley de vida a sus más de 70 años. Ha aparecido un equipo nuevo para reimpulsar la publicación y he sentido un soplo de aire fresco. Me uno al equipo.

Estamos constituyendo ahora una nueva sociedad, Bike Magazine S.L., que es la que abre la nueva etapa de la revista. Eso quiere decir que el equipo actual, compuesto por siete personas, tiene que aprender a funcionar como tal y a responsabilizarse de sacar adelante el proyecto. Ángel Toña sigue dentro, pero ya no como referencia principal. Todo esto que cuento sucede mientras mi convalecencia continúa. Por supuesto, quiero seguir andando en bici y creo que la revista, por qué no, es, al mismo tiempo, un reto y una manera de salir de esta pausa portal.

El reto de Bizikletan / Andar en Bici tiene que ver con aspectos de gestión –se supone que de eso algo sé–, pero también con una cuestión emocional. La pausa portal obliga. Me he metido en un túnel. La luz de la salida está ahí enfrente.

El miércoles de la semana que viene tengo mi tercera consulta con el traumatólogo. Veremos si los huesos de la clavícula se vuelven a hacer amigos o si hay que operar. Es solo una cuestión de huesos. El corazón y la cabeza van por otro lado.

La pausa portal, la pausa portal. ¿Pero qué esto esto? Bueno, vale, no me resisto. Te copio los cuatro primeros párrafos del artículo de Manel. Pero tienes que leerlo entero, ¿vale? Pasaremos lista.

Llamo experiencia portal a aquellas vivencias que te transportan a otro plano de existencia, que marcan un antes y un después en tu vida. Son actualizaciones internas desde las cuales el mundo se contempla, a partir de ahí, con una mirada distinta, renovada.

Las experiencias portal suelen recordarse como hitos evolutivos, como puntos de inflexión que señalan un cambio en la manera de percibir, comprender o estar en el mundo.

Una experiencia portal puede surgir de una lectura, una conversación, una charla, la visión de una pintura, una relación o de cualquier instante en que algo —una idea, una emoción, una imagen— produce un clic mental que ilumina lo que hasta entonces permanecía invisible.

Desde esta definición, uno no decide qué es un portal y qué no. Los portales se abren cuando confluyen dos fuerzas: algo externo que provoca la chispa y una predisposición interna a dar ese salto evolutivo. No son planificados; aparecen, suceden, nos atraviesan.

En fin, si algo tengo claro, es que, en cuanto me vea con la suficiente destreza, volveré a hacer el recorrido en bici de aquel 30 de octubre. Quiero ver el lugar del accidente. Quiero volver al punto de inicio de la pausa portal.

Julen Iturbe-Ormaetxe

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