Este verano he intentado (con bastante éxito, por cierto) desconectarme de las inteligencias artificiales que se estaban apoderando de conversaciones, pensamientos y cuestionamientos.
Así que, mientras yo buscaba aires frescos, pedaleos disfrutones, juegos de mesa colaborativos y cultivar el arte de “no hacer nada” relacionado con el work, las IAG han decidido trabajar horas extras: generando modelos nuevos, creando agentes que ya no solo responden, sino que hacen, produciendo herramientas de oficina multivitaminadas, activando una normativa europea que empieza a mostrarse tímidamente y provocando la inversión de unos cuantos millones de euros públicos destinados a que las empresas españolas aderecen con más IA sus procesos.
Ante el paisaje anterior y como septiembre is coming, he decidido que es el momento ideal para continuar con mi pequeña saga sobre consultoría con IA. En posts anteriores te conté cómo utilizaba la IAG para pasar del resumen al mapa mental. También me centré en presentarte a NotebookLM, ahora conocido como Gemini Notebook, y su capacidad para hacer potajes con fuentes, mapas, vídeos y pódcasts. En esta nueva entrega, te pongo al día sobre lo que ha pasado con la IAG en estos meses de temperaturas extremas y su posible impacto sobre nuestros quehaceres en consultoría.
Busca papel, físico o virtual, que voy con las cinco noticias que muestran las pestañas de mi navegador.
#📢noticia1 – La IA empieza a meterse hasta en los cajones de nuestra oficina digital
En el mes de junio, Google presentó nuevas funciones de IA en Workspace y durante julio y agosto siguió sumando acciones. Para que lo sepas, con Gemini ya puedes: organizar archivos de Drive, resolver errores de fórmulas en Google Sheets, mejorar textos en Gmail, crear documentos, hojas de cálculo o presentaciones e incluso programar eventos y coordinar tareas entre aplicaciones, generar presentaciones en Slides, o editar documentos en Docs o producir vídeos con Vids. Dejo ya de enumerar, pero si quieres más info sobre todo lo anterior entra en Google Workspace.
Como yo lo veo, esta colección de “pequeñas” funcionalidades está provocando que la IAG pase de convertirse en una pestaña a la que voy cuando quiero preguntar, a un componente que viene por defecto instalado en las herramientas del paquete de Google con las que trabajo.
Para mí, como autónoma, estas integraciones me ahorran minutos (ej. a la hora de preparar borradores, agendarme reuniones, etc.). 👀Pero para sacarles toda su “chicha”, lo que estoy haciendo es revisar qué funcionalidades tengo disponibles con mi paquete actual, determinar en qué tareas automáticas de mi día a día profesional me puede agilizar la vida, probarlas y ver cuánto tiempo me ganan. Mi objetivo es, por un lado, evitar experimentar un síndrome de Diógenes digital, y, por otro lado, conservar mi yo-profesional sin aditivos ni conservantes.
#📢noticia2 — ChatGPT ha pasado de contestar a ponerse a trabajar
En julio, OpenAI presentó ChatGPT Work, un agente capaz de investigar, analizar información, trabajar con archivos y aplicaciones conectadas y generar productos terminados como: documentos, hojas de cálculo, presentaciones, informes o webs. Además, puede desarrollar tareas más largas, dividirlas en pasos y ejecutar tareas programadas o activar seguimientos cuando se produce un determinado cambio.
Pues nada, que estoy ante la IA agéntica, donde yo establezco un objetivo ➡️ la IA planifica y actúa ➡️ yo superviso, valido y decido. Esta forma de hacer me libera tiempo de producción mecánica para que pueda dedicarlo a interpretar, conversar con el cliente, diseñar, decidir o crear (tareas por las que espero que me sigan pagando😅).
Pero existe un lado oscuro agéntico. Cuando le doy capacidad de acción a una IAG también multiplico las consecuencias de sus errores. Por tanto, cuando conecto correo, Drive, calendarios o documentos profesionales, la privacidad y la confidencialidad dejan de ser una nota al pie.
Por tanto, para evitarme sustos y sudores, estoy empezando a implementar lo agéntico en procesos reversibles, supervisados y sin información sensible.
#📢noticia3 – Europa empieza a decir: “la IA sí, pero con condiciones”
El 2 de agosto de 2026 entró en aplicación buena parte del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial y comenzaron a exigirse nuevas obligaciones de transparencia. La Comisión publicó además en julio directrices específicas para ayudar a interpretar el artículo 50.
Entre otras cuestiones, las normas contemplan obligaciones relacionadas con informar cuando una persona está interactuando con determinados sistemas de IA y con identificar ciertos contenidos generados o manipulados artificialmente. También existen obligaciones específicas relacionadas con deepfakes y con determinados textos generados por IA destinados a informar sobre asuntos de interés público.
‼️¡ATENCIÓN! Lo anterior no significa colocar un enorme “HECHO CON IA” en cada correo cuyo sujeto nos haya ayudado a mejorar Copilot, Claude, Gemini u alguna otra tecnología similar. La norma establece supuestos, excepciones y responsabilidades diferentes según seamos proveedoras o responsables del despliegue, el tipo de sistema y el uso que hagamos de este último.
Con este panorama, 🤔me estoy planteando elaborar mi particular mini protocolo (made in LaRodera) de uso profesional de IAG considerando: qué herramientas utilizo + para qué + qué datos puedo compartir + qué datos nunca subo + qué outputs reviso + cuándo tengo que informar sobre el uso de IA + quién asume la responsabilidad final (esto es solo un esbozo de lo que tengo entre neuronas a día de hoy, supongo -espero- que evolucionará).
Aprovecho la ocasión para plantear una cuestión a la que quizás también debería darle una vuelta: ¿mi cliente sabe/debería saber/quiere saber cómo estoy utilizando la IA en su proyecto? ¿Tú cómo lo ves? Porque digo yo que la transparencia puede llegar a convertirse en un elemento de confianza y/o de diferenciación profesional😅
#📢noticia4 — Lucha de IAG con repercusiones en el bolsillo
Con los 40 grados a la sombra, también fueron apareciendo nuevos modelos. OpenAI lanzó en julio la familia GPT-5.6, y el 6 de agosto actualizó GPT-5.6 Sol para mejorar fiabilidad y precisión, mientras ampliaba para las cuentas gratuitas el acceso mediante GPT-5.6 Luna, con chats de texto ilimitados y una opción específica para dedicar más razonamiento a las preguntas complejas.
La cosa no es si ahora tengo Sol, Luna, Terra, la Osa mayor o toda la vía Láctea, lo que veo es que cada vez puedo conseguir más capacidad de IAG por menos dinero y esto, como autónoma que soy, me interesa. Porque 20 euritos de IA de aquí y otros 20 de IA de allá al final de mes van sumando una cifra de tres dígitos.
Por tanto, en cuento el termómetro empiece a descender me voy a poner en modo auditora de IAG. Revisaré qué pago + cuánto uso + qué tareas me resuelven las IAG que tengo con sus diferentes suscripciones + cuánto tiempo me ahorran + qué otras herramientas ya contratadas hacen prácticamente lo mismo. Resumiendo, la pregunta que me hago desde ahora mismo es la siguiente: ¿qué IAG me aporta suficiente valor profesional que justifique que la pague sin dolor cada mes?
Lo de la ley de Pareto, me parece un rasero adecuado para decidir si necesito pagar otra suscripción o mantenerme con las que tengo (de pago o gratuitas).
#📢noticia5 — España pone 180 millones de euros sobre la mesa… pero no prepares todavía el IBAN
Y a finales de julio… ¡notición! El gobierno anunció la resolución de las convocatorias RedIA y RedIA Salud, que movilizan 180 millones de euros para 372 proyectos empresariales de inteligencia artificial. De ellos, 300 proyectos corresponden a RedIA y alrededor del 70% de los seleccionados son pymes. En RedIA, las ayudas se sitúan entre 400.000 y 5 millones de euros.
Tras leer esta noticia, los ojos me hicieron chiribitas, pero la letra pequeña me devolvió a la realidad, ya que estas convocatorias no son un cheque de 180 millones repartido entre personas autónomas. Porque 372 proyectos financiados significan también empresas buscando personas que sepan formar, acompañar, investigar, diseñar acciones, evaluar, gestionar el cambio, comunicar, crear contenidos, trabajar datos, desarrollar soluciones, revisar cuestiones éticas o facilitar procesos de adopción de IA, entre otras tareas. Visto así, el dinero que recibe una organización puede acabar generando trabajo para otras y otros profesionales de la consultoría artesana.
Esto significa, que me tengo que poner en modo estratega y buscar, no una subvención para mí, sino empezar a hacer de 🕵️♀️Sra. Fletcher y detectar dónde se está produciendo inversión y qué conocimiento puedo aportar yo dentro de esa cadena de valor, ¡ahí es nada!
Últimos pensamientos calurosos
Las noticias anteriores me llevan a dejar por aquí escrito que la novedad tecnológica empieza a ser menos importante que mi capacidad como consultora artesana para integrarla (muy) bien en mi trabajo. Para ello, tengo estos seis deberes pendientes o buenos propósitos con las IAG:
- Trastear antes que acumular.
- Automatizar sin abdicar (aunque suene a monarquía).
- Revisar la legalidad.
- Controlar mis gastos.
- Buscar oportunidades laborales alrededor del ecosistema IA.
- Seguir exprimiendo mi IN (inteligencia natural) delante, detrás o encima de la IA (inteligencia artificial).
Y con estas buenas voluntades te dejo, que quiero aprovechar los últimos minutos de calma relativa antes de que se adentre septiembre para tomarme una tarrina de mango y leche merengada🍦
¡Ah! Si tienes más noticias de interés o quieres criticarme constructivamente, te leo.
¡Aprovecha estos días verano tardío!🌄
P.S.1 Este post lo he editado gracias a mi IN, a pesar de encontrarse en un estado de aletargamiento posvacacional.
P.S.2 La imagen que acompaña a este texto la he creado con ChatGPT.
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